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Lluvia fina

Luis Landero

UN PASADO RECONSTRUIDO CON PALABRAS.

En Lluvia fina Luis Landero no ha construido una historia al uso. La novela es la reconstrucción de un pasado a partir de las dispares e incoherentes versiones telefónicas de varios personajes marcados por la decepción o la idealización de una vida que pudo ser y no fue. Tres hermanos, con unas heridas emocionales imposibles de curar, buscan desde su particular recuperación del pretérito una justificación a sus vidas. En algún momento de la novela, se apunta que las palabras que construyen el pasado son más ciertas que la realidad en sí. Andrea, la hermana mediana, llega a afirmar, ante alguna incongruencia en sus versiones, que entonces “la realidad era mentira”. Cada uno se ha creado su propia versión del pasado a través de una narración repetida año tras año, y esa es para ellos la verdadera realidad. Así, episodios como el abandono de la madre, el suicidio o la muerte del gato, son hechos aceptados ya como verdaderos. El poder de la palabra y la narración son los que dan consistencia a los hechos, más allá de cómo estos ocurrieron.

UNA NUEVA BERNARDA ALBA.

Y aunque las palabras corresponden a los hermanos, la imagen de la madre es la que lo puebla todo. Acertadamente Landero no le concede apenas voz, pero su presencia es tan marcada, que llena toda la escena. Con su moño alto y sus labios apretados, representa una imagen actualizada de la Bernarda Alba de Lorca. Es dura, fría, calculadora… o eso nos hacen creer, pues nunca la vemos directamente con los ojos de un narrador externo. Ella marca la vida de los hijos y sus relaciones como hermanos, que han acabado enquistándose a lo largo de los años.

EL DESENCADANTE: UN CUMPLEAÑOS

El foco de tensión de la novela es el cumpleaños de la madre. Al inicio se anuncia la intención de celebrar una fiesta por su 80º aniversario. Ahí comienza a removerse un aire fétido que hasta entonces permanecía en cierto reposo. Según se aproxima la fecha va aumentando la tensión, que se mantiene hasta el final.

Lo más curioso es que, como lectores, no somos invitados directamente a esta fiesta por parte de un narrador objetivo, sino a través de la visión poliédrica y condicionada de los personajes participantes. Si acaso, podemos decir que la cámara nos coloca detrás de un personaje aparentemente secundario: Aurora, la cuñada, la hija política, la no contaminada por el pasado familiar.

EL PAPEL PROTAGONISTA DE LA ESCUCHA.

Aurora, por su curiosa dote para escuchar, recibe el torrente de voces de los demás, convirtiéndose, a su pesar, en testigo de los hechos removidos del pasado. Como receptora de los distintos discursos, dispone poco a poco de todas las claves para interpretar la historia. Según avanza la novela, el torrente de confesiones y secretos desvelados va en aumento, así como los descubrimientos de personalidades ocultas. Poco a poco, Aurora va adquiriendo importancia, y hasta voz, una voz interior que la hace juzgar y no solo aceptar con tono conciliador las reyertas de los demás. Aurora, que lleva su propia carga (la hija) y sobre la que los demás van echando sin consideraciones todo el peso del pasado, se va convirtiendo en protagonista.

Y el mundo asfixiante, cerrado, en torno a este contaminado núcleo familiar, se abre hacia un final sorprendente, magistral. Son los efectos de una lluvia fina pero persistente.

OTROS ACIERTOS.

La obra de Landero es también un retrato de la España de los años 70 y 80, una época marcada por la impronta de un pasado franquista y decadente junto al incipiente despertar juvenil ligado a la música rock. Aunque los sueños de infancia de los hermanos con ese futuro alentador nunca llegan a cuajar, lastrados por las cargas del pasado.

Sin duda, todo un ejemplo de sólida construcción argumental, asentada sobre unas vivas conversaciones telefónicas plagadas de giros coloquiales.

Muy recomendable, como toda la obra de Landero.